Con sus últimos estertoresse sentían los hedores
que su muerte producía
me acerqué hasta su lado
y vi entonces al pobre sapo
muy deshecho y aplastado
las hormigas coloradas
devastando lo que quedaba
carnívoras por vocación
aprovechando la ocasión
de a pedazos lo llevaban
mientras tanto los gusanos
con maestría nada en vano
preparaban el festejo
por haber llegado a viejo
el batracio
se fue despacio
hacia el cielo de los bichos
sin un croa habernos dicho
por un accidente desafortunado
que terminó con su existir
al señor de los jardines
sin arpas ni violines
ni llorar de cucarachas
ni cantar de grillos ruidosos
o volar de mariposas ceremoniosas
nadie que lo llorara
ni ninguna cabeza gacha
ni lágrima que rodara
así se fue yendo de a poco
el señor de los jardines
las flores lo notaron
cuando éste se había ido
para entonces lo lloraron
porque pasó desapercibido
es que se valora la vida
y se nota la presencia
del humilde y silencioso
recién cuando la ausencia
en cambio al que es ruidoso
se lo aplaude y magnifica
y tras un morir bochinchero
se lo recuerda durante un tiempo
por sus cosas vanidosas
que pronto llevará el viento